
Para las personas solitarias, que en secreto odiamos la soledad, esas horas interminables de la espera, son un angustioso suicidio.
Poco a poco corremos el lazo de la soga por el cuello, disfrutando con premura ese momento en que jalemos del cordel y todo finalice, sea por bien o por mal, pero en un punto ha de finalizar.
Ya no mas vueltas, no mas giros, ni evasivas, solo la cruda faz de la verdad viéndonos a los ojos, con la amargura que trae el peso del saber…
(Por que Dios le puso limites a todo, menos a la estupidez humana... Seguire siendo humanamente estúpida, esa es mi divina condena...)Acaso seras tú quien me libere?
